Bahía Desesperación, por Roberto Fontanarrosa:
La que me dijo que el viento le había volado el perro al mar fue la señora de lentes, la de sombrerito tipo Piluso.
-El viento lo levantó y lo tiró al mar -dijo, sin mayores signos de aflicción. Era inexpresiva. Tenía unos ojos chiquitos celestes, medio húmedos. Pero no era porque estuviera llorando, supongo: era por el viento. Y se ponía los dedos de la mano derecha sobre los labios y entonces sí parecía consternada.
-¿Era un perro grande? -yo no lo podía creer.
-No. Así -dijo-, blanco… ¡De bueno!… Luli le decíamos… Lo remontó como un barrilete.
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