Vainilla

 

Descripción: http://www.diosgalon.com.ar/files/trekkie/vainilla2.jpg ¿Cuál es tu talento?— me dice de la nada. Viniendo de ella no me sorprende lo retorcido de la pregunta. Pienso en no contestarle, pero sigo jugando.

—¿No te alcanzó con la performance de anoche para enterarte?— le digo

Me doy vuelta, quedo mirando la pared y el olor dulce de su perfume impregnado en la almohada me fascina. Cierro los ojos para seguir durmiendo. Ella se queda como está, apoyada en su lateral, mirándome con la cabeza sobre su mano. Me pega una palmada fuerte en la espalda que suena como un aplauso. —Dale nabo, en serio— me dice entre risas.

Quiero contestarle con otro chiste pero no me sale. Al contrario, me pongo serio y me reincorporo. Mientras busco formas en las griteas del techo le digo —No sé. Me encanta escribir pero no llamaría a eso un talento porque es algo que tomo como un pasatiempo; además no me parece que sea bueno, me cuesta mucho crear situaciones.

» Entonces me encuentro con que casi todo lo que escribo se basa en cosas que me pasaron y le sumo otras mentiras que se me van ocurriendo, pero siempre parten de algo verdadero que la mayoría de las veces termina siendo triste.

Nos quedamos callados por un rato.

— ¿Y si escribís sobre esto entonces?— dice.

— ¿Sobre qué?

— Sobre lo que está pasando ahora. Vos y yo acá, hablando a la mañana. Acostados en pelotas. Sobre esto.

— ¿Sobre cómo se me ocurre lo que escribo? ¿O sobre cómo un pobre tipo acaba de descubrir que no tiene talento para nada?—. Me resulta gracioso, la idea me divierte.

Me mira y me hace ese gesto de morderse el labio inferior como diciendo "qué ridiculo".

— ¿Te preparo un té?— me pregunta.

— Uno de esos con vainilla.

Se levanta y desnuda va hasta la cocina.

— ¿Y a todo esto, tu talento cual es?— le pregunto desde la cama.

— No te gustaría saberlo.

Probame— insisto.

Se para, de manera que pueda mirarla a través del marco de la puerta y mientras con la palma de la mano se señala desde la cabeza hasta los pies me dice —tener este cuerpito decime si no es un talento natural.

— ¿Me estás jodiendo? ¿Te parece que eso es algo que no me gustaría saber? Además, es es algo que se nota a simple vista, incluso cuando estás con ropa— le digo entre risas.

— No, no era eso en realidad.

— ¿Qué era entonces?

— Y, fijate: bancarte a vos desde hace tres meses sin haberte hecho un puto planteo, sin haberte preguntado nunca ¿en qué pensás? o ¿me querés? o si te importo aunque sea un poquito o cualquiera de esas cosas típicas de las minitas; sin contar para no humillarte, que te gano a cualquier juego de play al que te desafíe. Ser la mujer ideal, ése es mi talento—. Pienso que tiene razón, pero me inquieta.

— ¿Y por qué no lo hiciste? ¿Por qué no me preguntaste nada de eso?

— Porque sé como sos, sé que odiás esas cosas y yo tampoco lo soporto.

— Pero si estamos re bien —le digo con un tono en el que se me nota preocupado— nos gustamos, tenemos la misma manera irónica de ver las cosas. Nos reímos mucho y para mí eso es fundamental.

— Eso es ahora, pero las relaciones cambian con el tiempo. Siempre. Van a empezar a molestarnos boludeces, vamos a empezar con esos planteos que los dos odiamos, porque va a pasar; y van a haber terceros en el medio que nos van a romper las pelotas. Son cosas inevitables —cuando termina de hablar hace un gesto como diciendo qué se le va a hacer.

—Cuánto te apuesto que no, que con nosotros eso no va a ser así— la apuro y ni bien digo eso me arrepiento.

— Te apuesto… — piensa — ¡un viaje! Si de acá a nueve meses seguimos como hoy, nos vamos a viajar juntos por todas partes y si no...

— Sé que voy a perder. ¿Vos no lo sabés?

— Si— me dice. — Los dos perdemos y  ahí tenés el final triste para tu relato—. Y como si lo que acaba de decirme careciera completamente de importancia pregunta— ¿Al té vos no le pones nada no? Ni azúcar ni edulcorante.

— No, me gusta así, solo.