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Trekkie
Yo la estaba relojeando, mientras le�a una
antolog�a de Raymond Carver, que no es el mejor autor para leer cuando ten�s la moral por el piso como yo en ese entonces. Hac�a menos de un mes que Arianna me hab�a dejado. Hab�a hecho un viaje a
Brasil sola, pero la soledad le dur� hasta menos de la mitad de lo que ella
ten�a pensado y lo termin� acompa�ada. Conoci� a otro tipo: un tano muy
imb�cil, celoso y autoritario con el que ahora convive. S� que el flaco es
as� de idiota porque amigos en com�n me lo comentaron, quiz�s lo hicieron
s�lo para levantarme el �nimo, pero si fue as�, un poco funcion�. Volv� a apuntar a la Rollinga de reojo por
encima de Carver porque sent�a en m� su mirada. No se como es que pasa, pero
esas cosas se sienten y cuando la mir� se hizo la que miraba por la ventana.
Sonre� por su actitud y creo que se dio cuenta. Mejor, pens�. Me ven�a bien un poco de histeriqueo. No sab�a que no quer�a que mi ex se fuera hasta que se fue. La ayud� en
todo para que su viaje le saliera de la mejor manera. Le regal� un
reproductor de MP3 para que no se aburriera en el camino, una ri�onera que
era una reliquia familiar para que guardara la plata y hasta un carrito para
que pudiera arrastrar la valija que era muy pesada y ten�a una rueda rota. A
los diez d�as ya la quer�a ac� de vuelta. No lo sent� mucho al principio
porque pas� por Navidad con amigos y por una escapada a Uruguay para
fin de a�o, pero cuando volv� de ese trance empec� un poco a preocuparme. Entend� que no pod�a dejar bajar a la Sra. Spock
del tren sin antes decirle algo inteligente. Ten�a miedo de mandarme una, que
no me diera cabida y despu�s tener que viajar hasta Constituci�n con la mina
enfrente y yo rojo de verg�enza; o lo que era peor, tener que escaparme a
otro vag�n con la cola entre las patas. Adem�s no se me ocurr�a nada
interesante. No soy de encarar minas por la calle. Nunca lo hice y no sab�a c�mo
empezar con esta. Igual es algo que de verlo me resulta un poco desagradable.
Hay tipos incre�bles que andan de levante por la vida y que en realidad no s�
que pretenden. Son esos mismos tipos que no pueden
contener lo que se les pasa por la cabeza cuando se cruzan con una mina del
estilo Pampita de Altuna y que mientras se dan
vuelta como b�hos para mirarles el culo, escupen de manera aut�mata sus m�s
bajos pensamientos en un murmullo comprensible s�lo para ellos. Y s�, eso
pretenden, esperan que la mina vuelva diciendo �no entend� nada de lo que
dijiste, pero me encant� como me mirabaste el orto�
�quer�s coger?� Ni bien Arianna hab�a vuelto de sorpresa, me
cit� en un bar. Se pidi� un fernet con Coca Light,
me pregunt� que quer�a tomar y le respond� que nada, que lo �nico que quer�a
eran respuestas; saber todo lo que ten�a para decirme. Adem�s hac�a d�as que
me ven�a dejando sin apetito ni ganas de nada cada mail que intercambi�bamos
a la distancia. Resultaba que cada uno era m�s opaco que el otro, con cada
vez menos te extra�os y menos te amos hasta llegar a ninguno. Ese d�a, cuando volvi�, en ese bar que yo odiaba, me confes� todo. La
escuch� interrumpi�ndola cada tanto con comentarios �cidos; atac�ndola.
Cuando termin� de hablar me levante y sin decir chau me volv� a mi casa,
llorando y a pie. La puerta del tren se cerr� en Yrigoyen y �ste
era el �ltimo tramo entre estaciones que me quedaba para hacer algo antes de
bajar. Las miraditas con la Rollinga se hab�an
repetido otras dos o tres veces pero la cosa no hab�a pasado de ah�. Asum�
que hab�a un dejo de onda y me sent� un salame por no saber que decir. Me
convenc� de que ten�a merecida mi actual soledad. Que de seguir as�, iban a
pasar a�os hasta que pudiera levantarme otra mina. Me mir� de nuevo por un instante y empez� a arreglarse el pelo sacando y
volvi�ndose a poner infinidad de hebillas de esas invisibles, mientras
cantaba para adentro hac�a ya bastante rato, una canci�n que no supe
distinguir. Dicen que cuando las minas se tocan el pelo es una buena se�al. Los primeros d�as despu�s de la separaci�n sufr� much�simo. La relaci�n
de un a�o y medio se hab�a ido al tacho tan r�pido como hab�a empezado, pero
al poco tiempo me di cuenta que mi sufrimiento se deb�a al tremendo golpe que
todo el asunto le hab�a pegado a mi orgullo, m�s que al hecho haberla perdido
para siempre. Este alivio dur� hasta que por insistencia m�a volvimos a vernos. El
haberme ido aquella vez de ese bar de mierda tan repentinamente me hab�a
dejado con m�s dudas de las que mi cabeza pod�a procesar. Nos juntamos a tomar algo, esta vez por el centro, en un bar que yo
eleg�. A pesar de lo que me hab�a hecho, siempre confi� en que toda
pregunta que le hiciera me la iba a responder con la pura verdad, as� que me
arm� un cuestionario mental y durante lo que duraron dos Stellas
de litro, le dispar� de a una todas las preguntas que despu�s entend� que
nunca tendr�a que haberle hecho. De todas maneras la pasamos bien. El clima era otro. Est�bamos relajados
y hasta nos re�amos. Jugamos al juego de mirarse fijo y el que se r�e pierde
y me zarp� en flaquear tanto y querer darle un beso al que no se neg�, pero
que cort� al instante. � No me parece que sea justo. Mejor nos vamos�, dijo.
Cre�a que el juez de este caso era yo. Pero se ve que ella nunca iba a
entenderlo. En el camino al subte segu�an las carcajadas, recordando an�cdotas y
cosas del pasado. Nunca supo bien como viajar en subte, yo cre�a que s�, pero
esa vez me confund�. Est�bamos en Callao y ella me dijo que ten�a que ir a Scalabrini Ortiz y combinar con la l�nea D para ir a la
casa del tano sorete, donde ahora viv�a. No s� por qu�, pero la mand� para el
otro lado. Nos despedimos con otro beso lindo y bajamos por la escalera
mec�nica, cada uno para diferente and�n. El de ella el equivocado. Quedamos
enfrentados entre las v�as, y jug�bamos a escondernos, agach�ndonos detr�s de
los carteles que estaban en el medio. Un poco antes de los cinco minutos
lleg� su tren, se fue y ya no la volv� a ver. Por unos d�as, despu�s de darme cuenta de la confusi�n de haberla
desviado, no se me iba de la cabeza la idea de lo que pod�a haber pasado si
de haberle indicado bien, compart�amos un par de estaciones en un mismo
subte. Pens� en muchas cosas, fantase� ridiculeces y m�s tarde llegu� a la
conclusi�n que haberme equivocado ese d�a fue la mejor despedida que pudimos tener. Mientras la Rollinga segu�a cantando sin
cantar, el tren ya entraba a Constituci�n. Pens� y pens� pero nada. La
mir� fijo y esta vez ella me devolvi� la mirada sin sacarme los ojos de encima.
Pasaron tres segundos eternos. Me imaginaba, como en las pel�culas, el plano
de un reloj gigante, en el que cada segundo que pasa se muestra en c�mara
lenta a la vez que suena un bombo que anuncia lo pesado del asunto. De la nada se me ocurri� lo que en la lista de estupideces para
decirle figurar�a en el top five. � Ruby Tuesday� dije. � �Qu� dec�s?� me apur�. � No, digo que te vengo mirando desde hace un rato, y estaba tratando de
descifrar cada canci�n que cantabas para adentro. Y creo que esta de ahora es
Ruby Tuesday. � Ehmm. No estoy cantando �Era m�s complicado
pens�, entonces hablaba sola�. Estoy repasando la letra de una obra que
estamos preparando con mi grupo de teatro. Sent� la necesidad de decir algo inteligente y que a la vez le cayera
bien. � Ah perdon� entonces. Igual no era eso solo
por lo que te miraba. Sos muy linda, �sab�s? �Al toque pens�: ��en serio dije eso?�. Pero de
ah� en m�s todo fue muy raro. Sonri�. �No te voy a negar que yo tambi�n te ven�a mirando�. Me dijo�: La
obra que estamos por estrenar es una adaptaci�n libre onda musical, en base a
episodios de la serie Viaje a las Estrellas. Me qued� petrificado y ella sigui� �: Por lo que est�s leyendo me parec�s
alguien interesante, y para que conste en actas nom�s, te aviso que yo no
puedo mentir�. Esas tres �ltimas palabras reverberaron dentro de mi cabeza,
como si hubieran sido pronunciadas por el hijo de puta ese que anuncia la
partida del tren por los altoparlantes hasta el hartazgo. Me dio un panfleto del grupo de teatro al que pertenec�a donde
figuraba su nombre y su tel�fono. Me dijo que la llamara el domingo, que era
el estreno de la obra. No dijo nada m�s. Se dio media vuelta y se fue. Mi
reacci�n se limit� a quedarme parado ah�, como un zombie en el and�n, mir�ndola
perderse entre la gente. En un acto reflejo y mientras todos los que bajaban del tren me empujaban
entre puteadas, levant� la mano derecha a la altura de mi hombro exhibiendo
la palma hacia delante con el dedo �ndice y el dedo mayor juntos, dejando un
espacio de separaci�n entre �ste �ltimo y el anular que permanec�a pegado al
me�ique, de manera que formaran una V. �Larga vida y prosperidad�, dije.
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